viernes, 13 de junio de 2014

“Más de un 55% de agricultores tienen más de 65 años”//El vandalismo tiene precio

Más de un 55% de agricultores

tienen más de 65 años”


  • La reciente aprobación de la reforma de la Política Agraria Común ha provocado el descontento de un gran número de agricultores y ganaderos españoles.

Por ello la Alianza UPA y COAG convocaron una manifestación para el pasado martes 25 de Febrero, la cual tuvo lugar en Valladolid, asegurando que la reforma "consolida la agricultura de sofá, la de los especuladores y la del `notario de la villa´, olvidándose del modelo social agrario que genera trabajo y actividad en el medio rural". A esta cita acudieron más de 3000 trabajadores del sector primario.

Para abordar más profundamente la situación actual de la agricultura y ganadería, contamos con la colaboración de Guillermo González García, actual secretario provincial de Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos de Salamanca.

Guillermo González
Pregunta: ¿Cuanto tiempo llevas siendo sindicalista y como empezaste?
Respuesta: Empecé en uno de los movimientos sindicales fuertes que había, en ASAJA, en el año 1982. En esta organización había grandes empresas agrarias. Posteriormente vine a UPA, en el año 1993, porque entendí que las fórmulas que se establecían no eran accesibles para todos los agricultores y ganaderos. Las medidas beneficiaban a las grandes explotaciones, y la principal preocupación de UPA era la defensa de pequeños y medianos agricultores y ganaderos. En el año 2001 comencé en la dirección ejecutiva, y en 2002 fui secretario general.
P: ¿Qué diferencias encuentras entre los agricultores de antes y los de ahora?
R: El agricultor de antes era más comprometido que el agricultor de ahora. En esta última década la gente ha ido más de por libre, y falta el sentido de la agrupación, hay un mínimo compromiso. Antes se trabajaban tierras en común, lo cual es muy provechoso ya que se optimiza la maquinaria y hay que invertir menos en esta. Pero esta manera de trabajo no ha proliferado porque para que funcione se necesita mucha capacidad de aguante y comprensión. Quizás llegue un momento en el que la dimensión de la explotación no se pueda aumentar, y para minorar costes una buena medida es la agrupación. De esta forma con lo que uno tiene puede aumentar la rentabilidad.
P: ¿Han cambiado mucho las explotaciones?
R: Si. Por la década de los 80 hubo una tendencia a continuar según estábamos, lo cual apartó a mucha gente del sector. Después, la entrada en la Unión Europea nos benefició porque vinieron una serie de ayudas con el propósito de que se desarrollara la agricultura y ganadería y que hubiera competencia con el resto de Europa. Ha cambiado mucho del modelo de subsistencia, al de ahora que es más productivo.
P: ¿Cómo percibes el mundo rural?
R: Ningún país puede prescindir del mundo rural, y con él, del sector primario. No puede estar desabastecido e importar toda la comida, depender del exterior no es bueno. La agricultura y ganadería son elementos fundamentales en la producción y en la seguridad alimenticia. Pero necesitan ayudas.
En la Política Agraria Común existían dos pilares: uno de ayuda directa a los agricultores y ganaderos, una medida compensatoria con la pérdida de renta, porque cuando nos abrimos al mercado los precios se desplomaron y nuestros sistemas de producción no eran competitivos con el exterior. El segundo pilar era de desarrollo rural: ayudas para potenciar las explotaciones, como es la incorporación de jóvenes, planes de mejora, medidas agroambientales,...
Seguimos teniendo una agricultura donde escasea el personal, la incorporación ha sido ínfima: un 15 o 17 % de agricultores tienen menos de 35 años, y más de un 55% de personas en la actividad agraria tienen 65 años o más. Además, han querido sostener el mundo rural agrario con el mundo rural de “fin de semana”, con lo cual en algunas localidades comienzan a escasear los servicios.
P: ¿Se conseguirá el objetivo de una PAC que garantice una renta agraria y una alimentación segura y barata?
R: Se podría, siempre que las autoridades tuvieran presente a los agricultores y ganaderos profesionales. A partir del 2000 el presupuesto de PAC comenzó a disminuir, y al mantenerse el mismo número de gente, se corresponde a menos. El problema es que no se hacen políticas enfocadas a estabilizar la población rural y que defiendan a aquel que vive únicamente del campo. No hemos conseguido que las ayudas se dirijan exclusivamente para los profesionales del sector, y aquellos cuyas ganancias no son únicas de la agricultura o ganadería reciben la misma ayuda que la gente cuyos ingresos provienen solamente de estas actividades, lo cual perjudica al agricultor y ganadero profesional.
P: ¿Hay demasiados obstáculos para trabajar en el sector? ¿La burocracia es excesiva?
R: La burocracia es exagerada. Un agricultor tiene que cumplir unas normas porque está recibiendo una ayuda pública, pero lo que ocurre ahora es desmesurado. Además, un mínimo fallo de la Administración o de uno mismo puede provocar que no cobres una ayuda, refiriéndome a fallos no intencionados. Y por el contrario, no persiguen a especuladores (Iberdrola, por ejemplo, está cobrando ayudas PAC).
P: ¿Qué grandes cambios ha tenido la nueva normativa de PAC?
R: Nosotros queríamos que el dinero que hay se distribuyera mejor con un ajuste en la administración de esa cantidad. Con la Alianza UPA-COAG le hemos dicho a la Administración que tuviera en cuenta al profesional y lo diferenciara del que no lo es. Hace año y medio, cuando se estaban haciendo los reglamentos, se introdujo el modelo de agricultor activo, es decir, la diferenciación. ¿Cómo? Con documentación.
El reglamento de la PAC deja a cada Estado miembro su aplicación. Nosotros tenemos una normativa con la cual para ser considerado agricultor, más del 50 % de los ingresos tienen que venir de la agricultura o ganadería. Pero el Gobierno entiende que puede optar a ayuda alguien en cuya renta tenga ingresos procedentes de la agricultura o ganadería, y dentro de esos ingresos, el 20 % se hallan obtenido por producción agrícola o ganadera.
P: ¿Cómo se ha aplicado el nuevo reglamento en otros Estados miembros de Europa?
R: Otros países tienen un amplio sector de agricultores profesionales. En España hay 900 000 perceptores, con lo cual tenemos una media de ayuda que no llega a 5 000 €. En Alemania la media son 15 700 €. En Francia son 23 000 €. En Inglaterra, 18 000 €. Es porque tienen 200 000, 300 000 profesionales. Y solo ellos cobran la PAC. Aquí, 5 000 millones de euros se reparten entre 900 000 perceptores, aunque en España, profesionales que paguen la seguridad social son aproximadamente los de Francia, unos 340 000. Lo que ocurre es que la ayuda no solo la cobran los agricultores o ganaderos de oficio. Esto provoca que la competitividad agro-ganadera de España es muy inferior a la de otros países de Europa.
P: ¿Estás animado a seguir luchando por la agricultura?
R: Si, pero me gustaría una renovación generacional, que tuviéramos muchos jóvenes para dejarles la puerta a ellos. Pero veo un sector agrario muy envejecido. Además, el mundo sindical requiere mucho aguante, y a veces hay que conformarse con conseguir pequeñas cosas.
-Muchas gracias por su colaboración



El vandalismo tiene precio

El pasado sábado 1 de Febrero, en la plaza de San Román, Salamanca, un grupo de entre 8 y 10 personas ejecutaron una serie de pintadas (si bien se pueden llamar así) en el muro trasero del colegio de las Siervas de San José. El hecho se realizó pocas horas después de finalizarse la limpieza de otro graffiti.

El ayuntamiento de Salamanca ha anunciado que este tipo de prácticas tendrán una sanción de hasta 3000 €, pero aun así me preocupa la falta de respeto que tenemos hacia el material urbano, especialmente en Salamanca. Pintadas, destrozos de escaparates, bancos y papeleras rotas,..., e incluso se mutiló al astronauta de la fachada de la catedral. Esta ciudad tiene un gran valor histórico y artístico, entre otras cosas, fue incluso nombrada Ciudad Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, y por ello me avergüenzo al leer noticias de vandalismo.
Estas prácticas ofenden: en primer lugar, al artista, arquitecto o trabajador que realizó el elemento dañado; en segundo lugar, a todos aquellos a los que les fascina y se preocupan por la historia, el arte, o simplemente la ciudad; y en tercer lugar, al conjunto de ciudadanos salmantinos, los cuales no solo se ven privados de su pasado y su patrimonio, sino que además, son los que en la práctica pagan los 93 000 € que suponen los trabajos de limpieza cada año.
Me alegraría que se tuviera más responsabilidad y empatía, porque el material público, como todo, requiere una manutención, la cual pagamos todos, y es despiadado provocar mayores costes.

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